domingo, 14 de marzo de 2010

RONDÓ VENECIANO. CAMINANDO POR LA ISLA DE MYKONOS.


En esta ocasión, el buque atracó a las 8:00 h en el nuevo puerto de Torulos (Turlos) a una distancia de tres kilómetros de Chora (Mykonos ciudad), y desde allí gracias a la información obtenida a través de foros, contratamos el autocar que nos ofrecía Pullmantur, que por un precio de  (6 €/persona) nos desplazaba a partir de las 9 de la mañana tantas veces como deseáramos hasta puerto más próximo a la población de Chora (Mykonos ciudad). Aunque la distancia no es mucha, es cuesta arriba por una carretera sin arcén, y con el poco tiempo de que disponíamos, es siempre preferible tomar el autocar, y si se organiza uno bien, volver a comer al barco y realizar otra visita por la tarde, que en principio era lo que teníamos previsto.





Una vez en Chora (Mykonos ciudad), callejeamos por el puerto, para encontrarnos con uno de los habitantes más queridos y representativos, como es su mascota, y que no es otra que un pelícano, que se encontraba descansando entre la lonja y uno de los templos a orillas del mar. Ahora existen en la isla dos pelícanos, a los que tuvimos la suerte de ver, que han remplazado al pelícano Petros, que apareció en 1954 después de una tormenta, para quedarse a vivir entre estas calles y casas blancas, y que murió en 1984. Tras la muerte de Petrus, sus habitantes adquirieron estos dos ejemplares y al macho le llamaron nuevamente Petrus y a la hembra Georgia, pero según nos comentaron, no se llevan muy bien.


Continuando nuestro caminar, llegamos a la famosa Iglesia Paraportiani, cuyo nombre significa: “la puerta interna o secundaria”.



Y callejeando, y valiéndonos de un buen plano, nos dirigimos muy pronto a la conocida como “Pequeña Venecia” o Alefkandra.



En la "Pequeña Venecia", tuvimos la suerte de llegar antes de la “multitud”, y poder sentarnos en la curiosa terrada del bar Veranda (casa de baranda verde y pilares blancos en la fotografía) para degustar un café frappé y un expreso, mientras que las olas golpeaban bajo nuestros pies.


, y nuestro ojos admiraban la vista de las casas blancas, los molinos sin telas en sus aspas, el claro y azulado mar… ¡que lugar!


Luego, y como todos los visitantes de la isla, fuimos caminando entre terrazas junto al mar, para llegar a los molinos de viento que se encuentran situados en la conocida como colina Kato Miloy… aunque sobre ellos continúa azotando el viento Melten. Unos molinos que en su día eran utilizados para moler el trigo y que hoy en día son viviendas.


Tras visitar los molinos, y acompañar a unas buenas amigas residentes en Cataluña, que hicimos en el crucero a bañarse en la playa de Charalaba, nos perdimos entre el laberinto de calles  y casas encaladas de blanco inmaculado y de escaleras y ventanas de azules suaves y fuertes. Calles tranquilas, donde el único ruido que alteraba su paz, era algún ciclomotor o el bullicio de los turistas en grupo.


Como llegamos en domingo, y la noche anterior habría de mucha marcha para los que disfrutan de vacaciones en esta isla, no pudimos apreciar la conocida “marcha” de esta isla, pero si caminar disfrutando de cada rincón.


En principio, nuestra intención era volver a comer al buque, y luego caminar nuevamente por esas estrechas y bellas calles  blancas, inmaculadas, con ventanas y escaleras principalmente azules,como el mar que rodea la isla. Pero según íbamos hacia el autocar nos encontramos con unos amigos, y pasamos un buen rato de tertulia en una tranquila terraza, hasta apurar al máximo la hora de comer. Así, que ya no volvimos por la tarde.

La tarde teníamos que ocuparla en recoger todas nuestras cosas, y preparar las maletas, teniendo en cuenta que deberíamos dejar fuera lo que necesitáramos para el día siguiente en Atenas y el vuelo de regreso.

Desde el mismo momento en que abandonamos Mykonos, el buque comenzó a balancearse, algo que no había sucedido en todo el crucero, y comenzaron los primeros mareos de más de un tripulante. Pero eso no impidió que después de cenar, apuráramos nuestra última noche en el buque en compañía de las amistades que habíamos hecho, tomándonos unos cócteles y después disfrutando del espectáculo final en el Salón Broadway, hasta pasadas la 1:30 h, lo que nos hizo correr luego hacia los camarotes, para terminar de preparar el equipaje, ya que debíamos dejar las maletas fuera del camarote, bien identificadas con las etiquetas que nos había facilitado, que identificaba nuestro vuelo de regreso a Madrid, antes de las 2:00 h. Ya que la tripulación se encarga de bajar las maletas y dejarlas en la terminal portuaria de Atenas al llegar. 

La noche continuó con balanceos del buque, pero en el camarote se notaba menos al estar centrado, y  dado, que el cansancio nos hizo caer rendidos y soñar que algún día volveríamos a Mykonos.


PUBLICADO ANTERIORMENTE DEL CRUCERO RONDÓ VENECIANO 2009:

Desde los canales de Venecia, a la Acrópilis de Atenas.
Venecia de Noche.
Venecia de día.
Salida del puerto de Venecia por el canal Giudecca.
Caminando por Dubrovnik.
Día de navegación, por los mares Adriático y Mediterráneo
Caminando por la isla de Santorini
Caminando por la isla de Rodas.

#escribimoslovivido

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...