domingo, 1 de marzo de 2009

PASEANDO POR LA CASA SOROLLA (MADRID)

En casa no todo gira alrededor de nuestra intoleranica al gluten ¡faltaría más!, y entre otras cosas, somos bastante aficionados a la pintura, no solo a disfrutar contemplándola sino también la madre de esta familia, pinta utilizando distintas técnicas. Por eso apreciamos a bastantes artistas y entre todos, a uno de ellos: JOAQUÍN SOROLLA BASTIDA.




Por tanto, nos gusta mucho visitar distintas exposiciones y museos, pero siempre, nos agrada acercarnos al MUSEO SOROLLA, ya que no es un museo cualquiera, no es un gran edificio, es la vivienda que el mismo artista diseño, y que plasmo en planos el arquitecto ENRIQUE MARÍA REPULLÉS. Es la última vivienda en que vivió Joaquín Sorolla a partir de 1911, y que donó para museo su musa y esposa: CLOTILDE GARCÍA DEL CASTILLO. Y como nos gusta tanto, queremos compartir este paseo.

Una vez pasado el umbral de la puerta, entramos en los jardines, y comenzamos a apreciar la sensibilidad del artista, ya que el mismo diseño y dirigió la plantación de los mismos, inspirándose en esa bella tierra que es Andalucía. Pero no son jardines al estilo de ahora, con grandes espacios llenos de césped, que consumen mucha agua, y además son laboriosos de cuidar, sino que son jardines al estilo de antes, inspirado en los jardines árabes, donde los que se cuida, es como en una buena receta, el deleite de la vista, del oído y del olfato. Estos jardines, además y salvando las diferencias, nos traen recuerdos de ese jardín que "El Bis" (uno de nuestros bisabuelos) diseñó, plantó y cuidó. Continuando la labor de cuidado y embellecimiento, "Vita" (la abuela Maria Luisa) y en que no existía un rincón al que le faltara el color de las rosas, el olor de la hierba buena, la sensibilidad de la palmera, la gracia de los frutales, y ante todo, la gran morera, de la que colgaba un maravilloso columpio en que el nieto siempre disfrutó. Pero de este jardín otro día os contarémos más. Ahora vamos a disfrutar de la villa señorial y los jardines de la familia Sorolla.

































 


Para el primer jardín, que se encuentra nada más pasar la puerta y delante del acceso principal y de servicio a la vivienda, el artista se inspiró en el Jardín de Troya, más conocido como del Laberinto de los Reales Alcázares de Sevilla, de donde parece que tomo nota para la fachada de la entrada de la casa.


































Hacia la derecha de este jardín, encontramos el segundo, que fue realizado entre los años 1915 y 1916, y que está inspirado en la Ría del Generalife de Granada. Además, parece que Sorolla trajo los arrayanes de la misma Alambra.

Y formando escuadra con este último jardín, nos encontramos el tercero y último, donde lo más llamativo es un majestuosa pérgola donde seguramente disfrutaban de las cenas de verano, junto a la alberca sevillana, y frente a la rotonda acristalada del salón de la vivienda, y la puerta de acceso al patio interior cordobés y las escaleras forradas de azulejos valencianos que dan acceso a la nave, donde se encuentran los estudios del artista. Una gran nave, con grandes lucernarios en el techo, que está dividida en tres estudios, amplios y de gran altura, un lugar soñado por cualquier artista para trabajar.

Nosotros, en este museo, siempre o antes de entrar o después de recrearnos con las maravillosas obras del artista, nos gusta disfrutar de los jardines, pero también disfrutamos del diseño arquitectónico, tanto del jardín, como de los estudios, y sobre todo valoramos la accesibilidad a cada rincón de la casa, con cuatro puertas de acceso a la vivienda, la zona de servicios, o la nave-estudio. Nos gusta, como se pensó esta vivienda, y la luz y el colorido con que se realizó. Y nos imaginamos como debía de ser cuando no estaba rodeada de esos dos edificios cuadrados y altos, que ahogan la luz que en su día recibiría.

Pero además, y por supuesto, nos gusta ver cada una de las obras expuestas en el interior de la vivienda, mirarlas y remirarlas, acercarnos para apreciar los detalles de sus pinceladas, y alejarnos para apreciar el valor de la obra. Y a la salida, después de haber visto los cuadros, y entre ellos muchos realizados por el pintor en su propio jardín, volver a recrearnos con los jardines, y siempre que podemos visitamos toda la PINTURA DE SOROLLA que se exponga.


Una de las cosas, que sentimos, es que se destruyera la cocina para exponer dibujos, ya que seguro que sería preciosa, con esos azulejos valencianos como los que cubren parte del jardín, o como se puede ver en la siguiente fotografía, la escalera de acceso al taller del artista.


Podríamos contaros muchas más sensaciones de nuestro caminar sin gluten entre estas obras, entre estos árboles, entre las estatuas, bajo la pérgola, junto a las fuentes, pero no todas las sensaciones son fáciles de describir y mucho menos escribir. Así que mejor es que cuando paséis por Madrid, no os perdáis esta casa-museo de Sorolla, y hagáis disfrutar a vuestra vista, a vuestro oído y a vuestro olfato… en resumen a vuestra sensibilidad.

 #escribimoslovivido

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