jueves, 12 de julio de 2007

VIAJAR EVITANDO EL... "VENENO"


Ahora en fecha de vacaciones, muchas personas se desplazarán o ya se encuentran en lugares especiales, paradisíacos, en la montaña o en la playa, según nuestros gustos y posibilidades económicas. Pero para los celíacos, el salir de viaje es una pura odisea, ya que los problemas comienzan desde que te acercas al mostrador de la agencia de viajes, donde una simpática señorita te informa sobre las ofertas y los lugares, pero normalmente esta simpatía se transforma en asombro cuando le dices la consabida frase: “soy celíac@ y por tanto me gustaría saber si en el hotel conocen esta intolerancia alimenticia”, en ese momento (normalmente), la cara de la señorita cambia, y muchas veces pegunta… ¿celiqué?.




Después de esto, existen varias opciones, pero normalmente y para conseguir viajar, es comunicarse directamente con el hotel, enviarle información sobre la celiaquía, hablar con algún responsable de cocina y realizar un sinfín de llamadas, que por supuesto no están dentro del precio de la oferta. Esto si el viaje que hemos planificado, es en España o algún país de habla hispana, ya que si se trata de algún país con otro idioma, normalmente y dadas las dificultades de entendimiento, la cosa se complica algo más.

Y siempre, los celíacos parecemos desconfiados desde el principio, preguntones, y hasta resultamos pesados e incrédulos cuando nos dicen: “no hay ningún problema, sabemos lo que es la celiaquía”. Desde aquí pedimos perdón por nuestra desconfianza, por nuestra incredulidad, por nuestra pesadez, pero es que no será la primera vez que en un establecimiento de hostelería de cualquier categoría, nos encontremos una crema de verduras decorada con un buen picatoste de pan de trigo frito, unas patatas fritas donde anteriormente se ha realizado una fritura de calamares rebozados, un buen pescado a la plancha con una salsa espesada con harina o un postre de nata y crema con una base de bizcocho, o un buen helado con el típico barquillo y así hasta la saciedad.

Los celíacos, además de la problemática para alimentarnos, de los precios abusivos de nuestros productos, nos vemos limitados a viajar o por otra parte nos sale bastante más caro el viaje, ya que tenemos que realizar llamadas, enviar fax, correos electrónicos, y al final, siempre ir cargados con productos para el desayuno, que es lo que más fallan en general y otros productos, con lo cual hasta nos ponen problemas en las aduanas.

La conclusión es que si existiera más información y mayor control por parte de las autoridades, mayor concienciación, mayor exigencia (comenzando por los propios celíacos), algún día podríamos ser menos incrédulos, viajar con más seguridad y poder disfrutar con las mismas garantías y precio que el resto de los viajeros.

La ingestión de una mínima cantidad de gluten, una contaminación cruzada, según la sensibilidad del enfermo celíaco, puede convertir nuestro anhelado viaje en una triste estancia en el hospital.

 #escribimoslovivido


¡BUENAS VACACIONES Y VIAJAR EVITANDO EL GLUTEN!

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