domingo, 26 de abril de 2015

Caminando al atardecer por las calles del casco histórico de Girona, y aprovechando la hora azul.

Teníamos ganas de conocer la ciudad de Girona, así que planificamos nuestro viaje tomando como “Campamento Base” esta ciudad, y así conocer su casco histórico y sus alrededores. Así, que nada más llegar, sin deshacer aún las maletas, tomamos nuestras cámaras, y salimos a caminar cuando al sol no le faltaba mucho para ocultarse, por esas calles empedradas y llenas de historia de la Força Vella. Al poco, al ocultarse el sol, pudimos disfrutar de la “hora azul”, y hacer algunas fotografías con esa luz especial. Posteriormente, nos perdimos entre sus ramblas, calles, plazas, rincones, soportales, escalinatas… con la iluminación de la noche.



Curiosamente, comenzamos nuestro caminar en Carrer de Santa Eugènia, junto a una antigua harinera, en particular la “Farinera Teixedor”. Un bello edificio modernitas construido en 1910 por Rafael Masó, para albergar la vivienda de Teixedor, las oficinas y almacenes de esta harinera. Un edificio, que nos llamó la atención por su diseño, así como por el color blanco de sus tejados. Y que en la actualidad alberga al diario “El Punt”. Y desde este lugar, admiramos otro edificio diseñado por Rafael Masó, conocido como: Casa de la Punxa, con una torreta puntiaguda de cerámica verde.





Tras admirar y fotografiar estos edificios, continuamos nuestro caminar, llegando a Carrer Nou, donde se encuentran muchos comercios, y entre ellos, nos paramos a ver la galería de arte “El Clustre”, así como un poco más adelante en la acera opuesta, una tienda de forja de hierro: “Ferros d´art Cademas” fundada en 1850. Y en nada nos encontrábamos en las orillas del Puente de Piedra (Pont de pedra), por el que accedimos al casco viejo de Girona, admirando las fachadas de las casas sobre en las orillas del río Onyar.


Desde el puente, llamaba la atención tanto la Basílica de Sant Feliu y junto a ella la Catedral, así como el puente de hierro (Pont de Ferro). Y nada más cruzar el puente, nos desviamos a la izquierda para caminar por la Rambla de la Libertad, que se urbanizó en el siglo XIII para albergar el mercado, y donde se puede tomar el pulso al ocio de esta zona de la ciudad, en  terrazas junto a los soportales bajos y con arcos totalmente distintos, que imprimen una  aspecto muy agradable a esta zona, con locales muy cuidados en su estética. En el número 25 de esta rambla, se encuentra Casa Norat, una casa modernista obra del arquitecto Joan Roca i Pinet, que trabajo con el famoso arquitecto modernista Lluis Domènech i Montaner (Arquitecto del Palau de la Música de Barcelona).


Al llegar a la altura del número 37 de esta Rambla de la Libertad, y como ocurre con el resto de los puentes de esta zona, entramos en un túnel o pasaje que da acceso al Puente de hierro (Pont de Ferro), Eiffel o de les peixateries velles.


Puente diseñado por Gustav Eiffel en 1877, y construido por la empresa parisina, sustituyendo en su momento a la pasarela de madera que existía. Desde este puente, admiramos nuevamente las casas sobres las orillas del río Onyar, con la luz del atardecer.


No llegamos a pisar la otra orilla del río Onyar, y retrocedimos sobre nuestros pasos para una vez en la Rambla de la Libertad, introducirnos en el laberinto as calles, callejones, escalinatas, patios, plazas del Barrio de la Judería (Barri del Call Jueu), que nos hicieron sentir lo que tuvieron que ser estas calles en el Medievo, ya que es la judería mejor conservada del mundo, y es un verdadero lujo poder perderse en ella, encontrando preciosos rincones como el de la Pujada de Sant Domènech y las escaleras de Sant Marti. Este rincón, dicen, es el lugar más romántico de España.


Esta calle, sus escaleras, el arco que sale a nuestra izquierda, y que nos comunica a través de una estrecha y laberíntica carrer de las escuela pía, con su arco, hasta la plaza dels Lledoners, y desde allí a la Catedral de Santa María, situándonos en uno de sus laterales y accediendo a la fachada superior, 
desde donde pudimos apreciar las escalinatas de acceso, así como unas bonitas vistas de la ciudad.


Pasando arcos, ascendiendo escaleras, llegamos a la Catedral de Girona, situada en la zona más elevada y que vigila toda la ciudad,


Y tras observar todo lo que nos rodeaba y la fachada de la catedral, descendimos por las escalinatas, para así apreciar la fachada principal de la Catedral de Santa María desde distintas perspectivas.


Y continuando nuestro caminar, acercarnos a la Basílica de Sant Feliu, que hasta el siglo X fue la catedral. El bello campanario de esta basílica, llama la atención al acercarnos al casco histórico. En este edificio, se conjugan los estilos: románico, gótico y barroco.


























Y ya con el alumbrado de las farolas, paseamos por la Pza. de Sant Feliu, hacia la Pujada de Sant Feliu, cruzando el Pont d’ en Gómez, que no es el puente del que más se hable en las crónicas de visita a Girona, pero al que nos queríamos asomar para ver la fachada modernista de la casa por la que se accede.

Y volvimos al que según dicen es el rincón más romántico de Girona, con la luz de las farolas, que aún le daban más belleza.


Volvimos a Pujada de Sant Feliu, y tomamos el Carrer de les Ballesteries, donde nos detuvimos ante Crepdequé?  Un pequeño local donde queríamos degustar unos creps sin gluten de los muchos que elaboran, tanto dulces como salados. Pero, lo dejaríamos para más tarde.


Nuestros pasos tomaron dirección al Carrer de l¡Argentería, pero antes de llegar, volvimos a desviarnos pro esas calles estrechas, observando cada local, cada rincón, cada fachada o soportal. Y tras este caminar nocturno, volvimos al Carrer de les Ballesteries, para degustar creps sin gluten en Crepdequé?.  Tras la excelente y exquisita degustación, paseamos por el Carrer de l’ Argenetería, hasta llegar al Puente de Hierro (Pont de Ferro), y cruzar a la otra orilla del río Onyar.


Y es que en la otra orilla, nada más cruzar el puente de Eiffel, en el Carrer de Santa Clara, se encuentra la gelatería Rocambolesc de los hermanos Roca. Y queríamos conocer esta heladería de estética vintage, y degustar algunos de sus exclusivos helados sin gluten, acompañados de toppings. Y os podemos asegurar, que nos gustó la decoración del local, pero sobre todo el sabor y textura de los helados.


Tras disfrutar de nuestra toma de contacto caminando por las empedradas e históricas calles de Girona, nos retiramos, ya que no habíamos ni sacado las cosas de las maletas.


Y al día siguiente, queríamos volver a caminar por estas calles, pero con la luz del día, y accediendo a los distintos monumentos.


#escribimoslovivido.

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