viernes, 7 de noviembre de 2014

Barras de lechazo, en el Mesón El Molinero de Traspinedo (Valladolid) #Singluten

Hace ya tiempo, cuando viajábamos hacia el encuentro de bloggers de Tapas & Blogs – Sabores de Ourense, acompañados por nuestro amigo Paco Becerro (Lazyblog), nos propuso desviarnos un poco de nuestro recorrido, e ir a almorzar a un lugar que el conocía bien. Así, lo hicimos, y fuimos a degustar las famosas barras de lechazo en el Mesón El Molinero, en la población vallisoletana de Traspinedo.


El publicarlo ahora, habiendo pasado tanto tiempo, es debido a que al publicar la entrada de nuestra Carta de Restaurantes, Locales…, nos dimos cuenta que faltaban varios restaurantes en los que habíamos estado y por falta de tiempo en su momento no habíamos escrito sobre ellos.




La verdad,el restaurante es un local al estilo castellano, austero en decoración y cálido en trato y temperatura, ya que junto al salón tiene una gran chimenea donde se elaboran con cariño, y sin prisas las “barras de lechazo” con sarmientos.


En la zona de la gran chimenea, está dividida en tres zonas: una de almacenamiento, en la que se apilan los sarmientos. A continuación se encuentra otra zona donde se queman estos sarmientos hasta convertirlos en brasa.


Y para terminar, estas brasas se trasladan a la zona de elaboración de las barras de sarmiento, que se cocinan con esta brasas tan especiales.


Tras hacerse bien estas barras de lechazo en las brasas, el camarero las sirve directamente en la mesa, depositando los trozos de carne en los barros de barro como llevan haciéndolo desde hace muchos años.


Pero ¿Sabéis que es el lechazo? Es como llaman por estas tierras al cordero, y del que el gran escritor Miguel Delibes habla magníficamente en su libro: “Castilla habla” donde nos dice¨: "El guiso típico castellano, no abunda. A la pregunta del comensal:"¿Qué me puede usted servir?", el mesonero castellano, tras un no demasiado largo repertorio de manjares, concluirá inevitablemente: "Y, por supuesto, también asado". Nunca mencionará el animal porque el asado por antonomasia es en Castilla el lechazo, el cordero de lechal."


Para acompañar estas barras de lechazo, nada mejor que una buena ensalada de las de siempre, y cuando decimos de las de siempre, es que sus sabores son los que nuestra memoria gustativa y sensitiva guarda: Una lechuga con sabor, que cruje al ser masticada; un tomate rojo y sabroso, con la textura de tomate fresco; una cebolla con sabor, y un aliño impresionante, servido en cuenco de barro cocido.



Para acompañar, esta comida, un buen vaso de vino clarete de la tierra. Terminando con el postre. Disponen de algunos caseros y el flan de huevo nos aseguraron que era sin gluten, y estaba realmente delicioso.



Al encontrarse la chimenea y brasas donde se cocinan las barras fuera de la zona de cocina, la contaminación cruzada es muy difícil, pero siempre tienen que tener cuidado en la cocina al elaborar los platos, ya que con el pan candeal que se emplea en esta zona, es fácil que se desprendan sus migas, por lo que lo comensales tienen que estar muy concienciados en la mesa para evitarlo.

Fue un buen inicio, y una manera de disfrutar del viaje, ya que casi siempre estamos acostumbrados a pensar solo en el punto de llegada, pero el viaje también es el recorrido, los lugares por los que pasamos, y donde podemos encontrar grandes paisajes, pueblos, restaurantes y personas dignas de conocer, o con las que compartir una experiencia gastronómica sin gluten como esta.


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