sábado, 23 de julio de 2011

CAMINANDO POR LAS FRAGAS DO EUME A TRAVES DE LA SENDA DE VENTUREIRA, HASTA EL MONASTERIO DE CAVEEIRO (A CORUÑA – GALICIA)

La mañana estaba nublada, y con amenaza de lluvia, pero no queríamos demorara el visitar uno de los lugares por los que habíamos decidido venir a pasar las vacaciones al Concello de A Capela (A Coruña –Galicia), así, que aunque teníamos previsto haber realizado senderismo por los antiguos caminos medievales que parten desde la población de O Pazo, junto a la capilla de As Neves y el Museo Etnográfico, realizando un sendero circular, finalmente decidimos por si la lluvia nos sorprendía, comenzar nuestro caminar por otra senda en las proximidades de la localidad de Gunxel, a través del denominado “Camino de Ventureira”.


Para ello, tras pasar Gunxel, el cauce del río Sesín, y el cruce a la localidad de Os Paces, encontramos a la izquierda de la carretera un pequeño aparcamiento, junto a unos carteles informativos del Parque Natural de las Fragas do Eume, donde dejamos nuestro vehículo.


Comenzamos nuestro caminar muy cerca del aparcamiento, donde tras descender unos metros por el asfalto, encontramos un cartel de madera, que junto a unos altos eucaliptos, nos indica el Sendero de Corto Recorrido: “CAAVEIRO”.

La senda, comienza escoltada por altos eucaliptus “intrusos”, pero poco a poco, al descender, la vegetación cambia, y comenzamos a admirar ejemplares de robles (carballos o melojos), avellanos, acebos, abedules, castaños, alisos, fresnos, laurel, alcornoques, arces, chopos, encinas, olmos y brezo. Pero no pudimos disfrutar en este recorrido de los tejos, madroños, perales silvestres y alcornoques. En algunos puntos, la vegetación hace forma de túnel, y nos recuerda a las conocidas en Galicia como “Corredoiras”.


Desde el principio, esta senda va descendiendo hacia el fondo del valle, donde se encuentra el rio Eume. Continuamente, según vamos bajando, pensamos que luego lo tendremos que ascender está pendiente continuada, y que con el suelo mojado es un tanto complejo.

Estamos en ese bosque atlántico conocido como la “Fraga”, que está considerado el bosque costero mejor conservado de Galicia, así como uno de los escasísimos bosques de estas características en Europa. Pero este enclave, es también un auténtico “bosque encantado”, donde se encuentra un lugar con presencia humana, así como una excelente historia, como es el monasterio de Caaveiro, y esto, por lo menos para nosotros, le aporta un valor a cualquier zona, al mezclar la naturaleza bien conservada, con la historia, en este caso medieval. Y podemos imaginar a estos monjes viviendo en este magníofico bosque en su atalaya entre los ríos Sesín y Eume. 

De estos lugares, habíamos leído bastante, y uno de ellos el magnífico reportaje que realizó en julio de 2008, nuestro amigo Juan Carlos en su blog “La Maleta del Celíaco”, blog que lamentablemente ya no actualiza, y entre otras muchas cosas, nos dice algo que siempre hemos de tener en consideración: “No puedo dejar pasar la ocasión de recordar a todo visitante que respete estos lugares. Un mínimo de civismo para con las Fragas y respeto para los pasados, presentes y futuros viajeros”. Sí, hemso de cuidar entornos naturales como este, para así poder disfrutar las futuras generaciones de estos lugares, que han llegado a nosotros gracias al cuidado de las generaciones precedentes.

En esta senda, que además tuvimos la suerte de realizar disfrutando de los sonidos del bosque, ya que al ser un día de diario del mes de junio de 2011 no nos cruzamos con nadie durante el recorrido, y por tanto pudimos admirar el canto de los pájaros, y los detalles de sus pequeñas plantas, flores, así como los troncos llenos de musgos y líquenes que le daban un aspecto especial al recorrido, sin olvidarnos de los helechos, que según dicen los entendidos, algunos de ellos son “verdaderas joyas botánicas”.


La verdad, es que aún en silencio, nos fue muy difícil – salvo algunas aves – poder admirar a sus habitantes, ya que entre esta selva, se podríamos encontrar: marta, turón, zorro, gato montés, tejón, erizo, murciélagos, musaraña, comadreja, jabalí, corzo, ciervo, gamo, salamandras, sapos, ranas, lagartija, cobra de agua, cobra de collar, víbora de Seoane, azor, gavilán, búho, lechuza, halcón peregrino, aguilucho cenizo, aguilucho ratonero, martín pescador, mirlos acuáticos, pájaro carpintero, bisbitas, tórtolas, petirrojos, papamoscas, arrendajos, abubillas, urracas, cucos, vencejos, lavanderas, mirlos, petirrojos, cuervos, herrerillos, garzas, nutrias, rata de agua, desmán… y dicen que hasta lobos.


Al llegar al monasterio, lo primero que nos encontramos, fue la Taberna de Caavero, que se encuentra ubicada en la planta superior de de lo que en su día fue el “Forno” (Horno) del conjunto monacal, y donde paramos a tomarnos unos cafés y “darle a la hebra” con la simpática mujer que la gestiona en la actualidad. Sobre esa “taberna” ya publicaremos en otro post.



Posteriormente, pasamos a disfrutar de todo el recinto del Monasterio de san Xuan do Caaaveiro. Intentando imaginar la vida en este lugar de los ermitaños a los que según cuanta la leyenda San Rosendo unió en este cenobio, y que posteriormente en el siglo XI pasó a formar parte de la Orden de los Canónigos Regulares de San Agustín, llegando a tener la categoría de “Colegiata”, construyéndose el campanario en 1750, comenzando a decaer la vida en este lugar en el año 1762 y falleciendo su último prior en 1787.



Estábamos informándonos sobre su historia, de cómo llegó a convertirse en ruinas, y que tras la Desamortización de Mendizábal, las tierras pasaron a ser propiedad del Estado. Posteriormente, estas ruinas, fueron adquiridas por don Pio García Espinosa, quien decidió restaurarlo buscando asesoramiento en el historiador y canónigo compostelano Antonio López Ferreiro.
 
Fotografía tomada del cartel informativo del parque.
Ya en el siglo pasado (años 80) fue adquirido por la Diputación de A Coruña, quien realiza las tareas de restauración para que podamos disfrutarlo tal y como está ahora. Pero, ya no tuvimos más tiempo para caminar por otros caminos, ya que el tiempo comezón a cambiar, las nubes a oscurecerse, el viento comezó a soplar, mientras caían algunas gotas.
 
 
 
Como caminantes, y dado que la única forma de volver a nuestro "campamento base" en A Capela, era volver sobre nuestras huellas, pisando la misma senda toda ascendente, y esta vez acompañados por el sonido del viento entre la vegetación, los crujidos los troncos y su silbido, mientras algunas gotas nos humedecía en nuestro ascenso, que resultó algo duro, pero a la vez terminamos muy satisfechos de haberlo hecho, ya que nos permitió conocer una parte de este Parque Natural creado en 1997, que como ocurre en otros valles donde han existido cenobios, la naturaleza es especial, y siempre nos imaginamos a los monjes plantando y recolectando entre esta frondosa vegetación, o al abad observando la Fraga y el río Eume desde sus dependencias.
 
 
Nos hubera gustado haber caminado más por los alredeodres del monasterio, ya que entre este y el edifico del  "Forno" (Hoy oficina de turismo y Taberna), sale este camino de pizarra, que nos lleva a la ruina de los molinos que empleaban los monjes, al puente sobre el río Sesín y al verdadero "Bosque encantado", pero eso os lo contaremos en otro post, ya que volvimos para caminar otro día.
 

"Caminante no hay camino, se hace camino al andar..."
(Antonio Machado)
 
#escribimoslovivido

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...