domingo, 3 de junio de 2007

CAMINANDO POR EL "JARDÍN PROHIBIDO", EL CAPRICHO

Al final de nuestro “post” sobre las Torrijas sin gluten de Madrid, os comentamos que para bajar las calorías, nosotros paseamos por nuestro parque favorito, donde parece que los arboles nos miran”. Por eso hoy os queremos hablar de este rincón tan bonito de Madrid.







Siempre, desde pequeños, y durante muchos años, cuando en primavera nuestro autobús bajaba por la Carretera de Aragón (Hoy calle Alcalá) y tras dejar atrás Quinta de los Molinos, ya en la Avda. de Logroño, en las proximidades del Olivar de la Hinojosa (hoy Parque Juan Carlos I), hacia el pueblo de Barajas, siempre esperábamos que se detuviera para poder observar tras el viejo muro de ladrillo, un jardín multicolor, un jardín enmarañado, un jardín con mucha historia y sobre todo un jardín prohibido.

Ese jardín prohibido, no era otro que el Jardín de “El Capricho” , cuyos terrenos han pasado por distintos propietarios y etapas, siendo al principio una finca agrícola propiedad del Conde de Barajas (hasta 1783), para pasar a ser palacio y jardín de los Condes de Osuna (1783 – 1882), Jardín de la familia Bauer (1882 – 1946), Cuartel General del Frente de Defensa de Madrid del Gral. Miajas (1936 – 1939), perteneciente a la Agrupación de Servicios Especiales de Automovilismo (hasta años 40), Declarado Jardín histórico, propiedad de la Sociedad Inmobiliaria Alameda de Osuna. (1940 – 1974), propiedad del Ayuntamiento de Madrid sin apertura al público (1974 – 1978), apertura al público 1978, escuela Taller Alameda de Osuna (1986…)
Desde la apertura al público en l978, y tras muchos años de pasear por su vallado, de detenernos a observar sus grandes árboles e intuir lo maravilloso de su interior, fuimos de los primeros en entrar a visitar el jardín, y no nos desilusionamos, era un lugar especial, enigmático, repleto de rincones especiales, con un palacio para las abejas, y sobre todo con una naturaleza ordenada, que con el paso del tiempo se había convertido en salvaje y bella.

Desde entonces, este “Capricho”, ha sido nuestro jardín favorito, por el hemos paseado, y hemos disfrutado con nuestros hijos de sus praderas, de sus senderos y ante todo de su tranquilidad, de dejar correr la imaginación al pensar lo que fue en su tiempo este lugar. Además nos sirvió durante los siete años de anemia ferropénica, de alto nivel de transaminasas, de fuertes dolores de estómago, como un lugar para la reflexión y para la tranquilidad.

Ahora, muchos años después, hemos visto como la excelente labor de los alumnos y profesionales de la Escuela Taller de Jardinería, que han ido cambiando y mejorando el jardín, pero siempre manteniendo su encanto salvaje y a la vez consiguiendo devolver el aspecto de jardín ingles y francés que le hace especial. Pero como siempre, nosotros continuamos caminando y recreando nuestra vista, admirando sus monumentos, el color de sus árboles y arbustos.
También, recordando cuando nuestros hijos eran pequeños y correteaban por la pradera, o se manchaban las manos cogiendo piñones, pero la tranquilidad se ha perdido bastante, pero por lo menos aún existe un límite máximo de visitantes, que a la vez lo vuelve a convertir en un jardín prohibido.

Una vez pasados los tornos de la puerta, ya que tiene aforo máximo, el recorrido que os aconsejamos (siempre respetando el entorno y el sosiego) es el siguiente:

Llegamos en unos pasos a una plaza vallada, con dos pequeños edificios a ambos lados y al frente la puerta de forja pintada de blanco, donde en la zona superior podemos leer: “El Capricho” , una vez pasada esta puerta… ¡Comienza el espectáculo!”.



Pero para ir asimilando el espectáculo de este jardín, es necesario caminar por el camino de carruajes y dirigirnos hacia el palacio, ya que hemos entrado por la puerta posterior, pero antes iremos observando a nuestra derecha el parterre de los duelistas, y a la izquierda una magnifica pradera de jardín ingles.
Al poco, pasamos un puente de hierro y llegamos a la Plaza de los Emperadores y el monumento de La Exedra, que está rodeada por bustos de emperadores romanos y a nuestra derecha (nada más entrar) tenemos el monumento de la Exedra.

Ahora os proponemos continuar por el lateral derecho, bajo el corredor de rosas, y observando en la parte baja un gran laberinto, que aún continua siendo una “zona prohibida al visitante”, y llegamos tras pasar unos pequeños estanques a la fuente de las ranas, ya junto a la parte posterior del palacio (mucho más bella que la parte principal).
Una vez admirada la arquitectura del palacio, os proponemos tomar un camino que sale en la zona izquierda y que asciende hacia uno de los lugares más emblemáticos del jardín… el templete de Baco.
Su situación es esplendida, sobre un montículo que a la vez delimita la zona “urbanizada” de la zona “salvaje” y desde donde se puede apreciar la belleza de este jardín.

El paseo puede continuar por un camino, que entre altos arbustos de lilas nos dirige hasta la columna y la estatua de Júpiter y desde allí muy cerca, esta un edificio especial… El palacete de las abejas, una verdadera joya de la apicultura, el verdadero palacio para tan laborioso animal, máxime ahora que está desapareciendo. No creemos que exista en el mundo un palacio tal para las abejas.

Desde aquí, os proponemos caminar hacia el norte, para encontrar un estanque y luego hacia el oeste para encontrarnos con la ruina, el castillo, la ría y la gran pradera inclinada de aspecto totalmente ingles, donde hemos pasado muy buenos ratos con nuestro hijos y donde si podéis, sentaros en uno de sus bancos y observar la naturaleza que os rodea.

Una vez realizada la parada, continuar el caminar, cerca de la ría, hasta cruzar el antiguo arroyo que venía desde el Olivar de la Hinojosa y nos encontraremos con el gran estanque, el puente de hierro y la belleza del embarcadero, que es un edificio de cañas, decorado en todo su interior por frescos.

Bordearemos el estanque y continuaremos nuestro pasear por las inmediaciones de la ría, hasta llegar al templete de baile, donde podemos ver en la zona baja una estatua de un jabalí y en la parte superior de los ventanales unos bajorrelieves interesantes, además si la visita la hacemos en primavera, las paredes bajas estarán llenas de rosas de pitiminí.

Desde aquí, tomar una senda protegida por altos cipreses, que nos llevarán hasta el monumento más especial (para nosotros) de todo el parque… La casa de la Vieja. Una casa al estilo rural, que en su interior tiene frescos alegóricos a la vida rural y donde según cuentan los cronistas existían dos autómatas. Este edificio en primavera se llena por todas sus paredes y tejados de preciosas rosas de pitiminí.


Después de este primer recorrido, os aconsejamos perderos por los pequeños senderos, por los caminos y descubrir nuevos rincones y nuevos árboles, entre ellos los árboles del amor y el madroño, así como otro monumento: La ermita. También que intentéis imaginaros el recorrido del refugio que recorre todo el subsuelo.

Esperamos que disfrutéis de este paseo, aunque continúa siendo en parte prohibido, ya que solo se abre los sábados, domingos y festívos. Además, desde que han habierto una estación de metro su nombre, la afluencia de personas es masíva, pero si aguantais la actual fila de entrada, os deseamos… ¡Feliz caminar sin gluten por nuestro “jardín prohibido”!.

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