domingo, 27 de abril de 2008

CAMINAR PARA RECARGAR LAS PILAS DE ENERGÍA.

Sí, cuando éramos jóvenes, en nuestra época de estudiantes, tras los exámenes, siempre estábamos deseando que llegara el viernes, para coger nuestros macutos, y salir corriendo hacia la montaña, ya fuera nuestra querida Pedriza, la Sierra de Guadarrama o Gredos, ya que en esos tiempos para un fin de semana, poco más se podía pensar.



































Pues ahora, que ya no somos tan jóvenes, que aún continuamos estudiando y aprendiendo día a día, y ya que los fines de semana, por unos motivos o por otros no podemos acercarnos a la naturaleza. El pasado viernes, y ya que los padres de esta familia, tenemos la suerte de quedar libres a partir de las dos de la tarde, decidimos escaparnos, para realizar senderismo, para caminar entre maravillosos árboles, y además de escuchar el trinar de los pájaros, relajarnos con el sonido del torrente, coger energía y recargar nuestras pilas en la montaña.

En algo más de media hora, habíamos dejado atrás el ruido de la ciudad de Madrid, las prisas, los agobios y nos encontrábamos a 1520 metros de altitud, tranquilamente sentados y tomando una ensalada campera. Pero lo más importante, es que estábamos entre magníficos y esbeltos pinos. El lugar siempre es especial, pero el pasado viernes, aún lo era más, todo era casi para nosotros solos, no había nadie, salvo algún buscador de setas, y algún otro senderista, pero casi nadie, para lo que puede ser un sábado o domingo. El silencio, solo lo rompía el trinar de los pájaros, y sobre todo el de un cuco, o el vuelo rasante de un águila.





























Tras comer, decidimos realizar la senda a nuestra manera, no como normalmente se hace, teníamos ganas de caminar, y por eso penetramos en el camino bajo un bello y señorial acebo, la verdad, es que pocos caminos pueden tener una entrada o final así. Poco después, nos encontrábamos haciendo senderismo entre acebos, tejos y… abetos de Douglas, robles y pinos albar, pero todo esto ascendiendo por la orilla derecha del arroyo del Sestil. Un arroyo saltarín, nervioso, bello, y que en estos días, con el deshielo de las últimas nieves, posee un caudal digno de un río.



















A nosotros, nos gusta caminar, hacer senderismo, observando los árboles, los saltos de agua, las flores, los pajaros, el musgo, los brillos, los pequeños detalles, y la verdad que en una tarde como esta, en la que la luz del sol brillaba, mientras una ligera y fresca brisa golpeaba nuestros cuerpos, era un buen momento para disfrutar de cada paso.

Fuimos ascendiendo, y en un punto, en lugar de continuar por el sendero apto para caballerías, decidimos seguir nuestro caminar sin dejar el curso del arroyo del Sestil, por un estrecho, tortuoso y empinado camino, que ascendía, a la misma velocidad que el agua bajaba, ya que un poco más arriba, el sonido del agua tronaba, habíamos llegado a la Chorrera de Mojonavalle, un espectáculo maravilloso que nos brinda la naturaleza, y además en esta ocasión, solo para nosotros.


Tras un descanso, continuamos hasta la parte alta de la chorrera, donde enlazamos con una verdadera “autovía de la montaña”, un camino ancho, que discurre a buena altura, y desde donde se aprecia todo el Valle del Lozoya, y todos los picos casi a la misma altura.




Ya todo fue caminar por este ancho camino, que es el Sendero GR-10.1, para volver a donde habíamos dejado nuestro coche, sin ningúna dificultad, sin desnivel apreciable.

Pero en medio del camino, detuvimos nuestros pasos, para cedérselo a una “dragoncita”, una descolorida salamandra, que cruzaba delante de nosotros, a la que realizamos unas fotografías, sin perturbar su lento caminar, ya que ante todo, esta montaña, es el reino de los animales y de las planta.



Tras recorrer, unos siete kilómetros, regresamos a donde se encontraba nuestro coche, y nos detuvimos a refrescarnos, y a beber de la fría agua de la Fuente del Hornillo.

Pero ante todo, realizamos nuestro caminar sin gluten, disfrutamos de todos los sentidos, respiramos aire sano, nos recargamos de energía, o como se suele decir: "recargamos las pilas de energía".
Pero, de nuestro caminar, de nuestro paso por estos bellos parajes, solo quedó la marca de nuestras suelas sobre la tierra del camino, ya que para poder disfrutar de la naturaleza, tenemos que amarla, respetarla y cuidarla, por lo que no tenemos que dejar ninguna otra huella de nuestro paso.

 #escribimoslovivido

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...