martes, 18 de agosto de 2015

Caminando sobre los cantos rodados de las calles de Chinchón y su maravillosa Pza. Mayor #Madrid

Desde pequeños, siempre que hemos visitado la población de Chinchón, nos hemos imaginado que se encuentra en un antiguo cono volcánico, en el que la base está ocupada por una extraordinaria plaza con soportales e impresionantes balconadas de madera, sobre casas de piedra. Mientras que el resto del pueblo está compuesto por bellas casas encaladas, que han sido colocadas de manera arbitraria sobre las laderas, en pendiente,  hasta llegar al borde superior del cono donde se encuentra la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, la Torre del Reloj que fue de la iglesia de Iglesia Parroquial de Ntra. Sra. de Gracia, y en el otro extremo el Castillo de los Condes de Chinchón.


La verdad, que la población de Chinchón siempre es un buen lugar para caminar, aunque muchas de sus calles tengan un buen desnivel, pavimentadas por cantos rodados, entre esas casas blancas de pueblo manchego, y esa bellísima plaza con sus balconadas.



Casi siempre, nos gusta comenzar nuestro caminar desde los jardines junto al Parador de Turismo que está ubicado la Av del Regimiento de León, en lo que fue el Monasterio de los Agustinos, fundado en el s. XVII. Un buen lugar para comenzar, para terminar, o para descansar. Y por supuesto, para comer sin gluten.

Descendemos unos pasos, hacia la calle de los Huertos, y entramos a la monumental Plaza Mayor, considerada una de las más bellas del mundo, y la cuarta maravilla de la Comunidad de Madrid, tras el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, Palacio Real de Madrid, Universidad y Recinto Histórico de Alcalá de Henares, y muy por delante de la Plaza Mayor de Madrid, lo que indica la belleza e historia de esta plaza.


Paseamos por los soportales de la Plaza Mayor, entre mesones y bares de gran belleza, y con estupendas terrazas, donde siempre apetece tomarse un buen vino de Madrid, o un buen vermú de esta tierra. Y el día que estuvimos caminamos entre los tendidos, burladeros del coso taurino, ya que acababan de terminar las fiestas, y aún no la habían retirado todo.

Dando la vuelta a la plaza, llegamos a la Fuente de Arriba, que tiene dos grandes caños que aportan agua al gran pilón que servía de abrevadero al ganado, y para muchos otros usos.


Y tras ver la plaza, tomamos una calle muy cercana a la fuente, ya que deseábamos caminar por la estrecha calle de las mulillas, a la que accedemos pasando bajo el pasaje que conecta las viviendas de ambas aceras. Pero antes, nos paramos a admira una tienda tradicional de trenzas de ajos, esteras de esparto, cantaros, cantimploras de calabaza, pimientos, calabacines, ristras de pimientos secos, alubias, lentejas,  y charlar un buen rato con el simpático agricultor Gregorio Alvarez, que nos cuenta que este edificio siempre ha sido propiedad de una de las líneas familiares desde que se construyo. La verdad que es un local con mucha solera, de los que ya quedan muy pocos en España.


Tras la charlar un buen rato con Gregorio, sobre Chinchón, sobre esta tienda, sobre el edificio donde se encuentra y sobre algunos de los objetos que en ella tiene, nos despedimos y continuamos nuestro caminar.



Y caminamos con paso firme por la empinada calle Mulillas, admirando cada puerta, cada ventada, cada reja de forja, cada detalle, hasta llegar a la confluencia con la calle de la iglesia, que tomamos a nuestra izquierda, y por la que caminaremos hasta llegar a la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. No sin antes detenernos a leer la placa que indica la vivienda en la que residía Francisco de Goya cuando visitaba Chinchón.


Frente a la puerta de la Iglesia de la Asunción, y del Teatro Lope de Vega, que fue construido en 1891 por la Sociedad de Cosecheros sobre las ruinas del Palacio de los Condes – desaparecido en la Guerra de Sucesión española - encontramos una estatua de la Condesa de Chinchón (Esposa del Cuarto Conde de Chinchón D. Luis Jerónimo), con una placa fechada el 15 de marzo de 1997 donde podemos leer: “El pueblo de Chinchón a Dª Francisca Enriquez de Rivera, Condesa de Chinchón, Virreina del Perú, descubridora de la Quina, en 1629”. Ese licor que también recibe el nombre de “Cinchona, quinaquina, o Chinchona”,  esa bebida que durante nuestra infancia se decía: “Es golosina y es medicina” y por eso a algunos niños se nos administraba en pequeñas dosis a modo de medicina.


Y así llegamos con nueestros pasos, hasta la plaza existente en lo que en su día tuvo que ocupar la Iglesia Parroquial de Ntra. Sra. de Gracia, destruida durante la Guerra de la Independencia, y de la que solo queda en la actualidad la denominada Torre del Reloj.


Pero, en este lugar, descansamos y observamos desde su mirador, apreciando con otra perspectiva la plaza, su forma, y como todas las viviendas están instaladas en las laderas. Pero también, unos bellos atardeceres sobre los campos de la vega del río Jarama.


Otras de las cosas que podemos divisar, es el entramado de tejados, chimeneas que conforman esta zona histórica de Chinchón.


Tras deleitarnos con las vistas desde este mirador, bajamos caminamos por la calle de San Esteban Baja, dejando a nuestra izquierda la Torre del Reloj, hasta llegar a la calle de la Comadre, donde volvemos la vista para ver la torre con otra perspectiva entre las casas blancas de la población.

Continuamos caminando hasta la plaza de San Antón, donde nos encontramos con la ermita de San Antón, que fue construida en el siglo XVIII, sobre la existente anteriormente en el siglo XI, y que es considerado como el edificio religioso más antiguo dentro del casco de Chinchón. Volvemos sobre nuestros pasos, para bajar por la calle de la Comadre, y luego por Cuesta de la Torre hasta llegar a la calle de la Cerca, que nos acerca nuevamente a las inmediaciones de la Pza. Mayor.


Decidimos entrar nuevamente en la plaza, y observarla desde sus soportales. Admirar esas balconadas de madera y la belleza de este espacio, que nos hubiera gustado encontrar sin los burladeros, como en otras ocasiones que hemos caminado por Chinchón.


Luego, tomamos la calle de Morata, donde nos encontramos con una de las muchas posadas existentes alrededor de la plaza, donde se hospedaban los labradores, segadores, tratantes de ganado, arrieros… En este caso se trata de La Posada del Arco, donde se encuentra el Museo Etnológico “La Posada” y actualmente unos apartamentos rurales. Pero en la antigüedad esta posada fundada a principios del siglo XIX tenía la estructura de Venta Manchega, entrando a través del arco, a un patio  cuadrado con soportales, que según parece utilizaron columnas del Palacio de los Condes o Condal. En el patio pudimos ver en una esquina el pozo y un antiguo carro, y parece trasladarnos a otra época.


Muy cerca de la Posada del Arco, nos encontramos con lo que seguramente fue otra antigua posada, y que en la actualidad está lamentablemente en ruinas.


Continuamos nuestro caminar por la calle de Álvarez Gato, donde además de mirar hacia los edificios, os recomendamos mirar al  pavimento, y así poder encontrar incrustados una gancho y una herradura entre los cantos rodados.


Nuestro pequeño caminar por Chinchón, estaba terminando, ya que llegamos a la calle de los Huertos, y de allí al Parador de Turismo, con una luz especial del atardecer, y la noche que nos sorprendió aún caminando.


En este caminar en una tarde tórrida de agosto, no pudimos visitar el museo, ni el castillo, ni muchos otros edificios, lugares, calles, y rincones, así que ya tenemos otros motivos para volver a caminar sobre los cantos rodados de  las calles y plazas de Chinchón, y buscar un local donde poder saciar nuestra sed y degustar alguna elaboración sin gluten.

¡Hasta la próxima Chichón!

#escribimoslovivido.

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