viernes, 28 de marzo de 2008

SENTIMIENTOS SOBRE COCINERAS Y COCINEROS.

Desde pequeños tenemos recuerdos de muchas cocinas, y puede ser porque siempre nos ha gustado cocinar, y ahora si cabe aún más, por necesidad desde que nos diagnosticaron la celiquía y también gracias a la “blogosfera”, donde hemos encontrado maravillosos blog gastronómicos, culinarios y sobre todo estupendas personas, con una sensibilidad exquisita que nos muestras sus recetas y sus preciosas imágenes.



De la primera cocina que tenemos recuerdos, es la de la abuela en Madrid, una cocina sencilla, con azulejos blancos hasta media altura. Con una cocina de fundición, de esas que llamaban “bilbaínas”, a las que había que alimentar con astillas de madera y carbón. También que había una con una ventana y una puerta que daban al patio–jardín, donde se encontraba colgada, orientada al norte, la alacena donde se guardaban las viandas. Por encontrarse junto a este patio-jardín, además de los aromas propios de los guisos, de las especies, de las plantas aromáticas, entraban a la cocina los perfumes de las rosas, de las uvas de moscatel de la parra, de las moras de la gran morera, de los albaricoques, de los melocotones, del jazmín y de un sinfín de plantas.

Con posterioridad a esta cocina, por supuesto las de las casas de nuestros padres, las de los pueblos donde pasábamos las vacaciones, y muchas otras, incluida por supuesto, la nuestra, donde intentamos de siempre satisfacer la alimentación de nuestros comensales de la manera más sana y creativa posible, así como siempre sin gluten.


En nuestro recuerdo, nuestras sensaciones, nuestros sentimientos, nuestra alimentación, nuestros cuidados en las distintas cocinas, salvo en algunas ocasiones como en el caso de uno de nuestros abuelos, que satisfacía nuestra alimentación con platos típicos de su tierra, y en la actualidad el padre de esta familia, que puede ser pinche, cocinilla y como mucho aprendiz de cocinero, siempre han sido las mujeres de las familias las cocineras. Esas abuelas, esas madres, esas tías, en resumen esas estupendas mujeres que con sabiduría, sin libros de recetas, salvo cuando aparecieron las ollas a presión y las "Turmix", todo su conocimiento era heredado, pasado de madres a hijas con delicadeza y amor.

Por eso, y sin intención de ofender a nadie, nunca hemos acabado de entender como no existen más cocineras famosas, en contrapunto a la gran cantidad de cocineros con firma, ya que por herencia, por historia, por lógica la mujer tenía que ocupar este lugar. Basta comprobar la gran cantidad de blog culinarios y analizar cuantos hombres están detrás de ellos y cuantas mujeres. Se nos puede decir, que la gran mayoría de los cocineros famosos son vascos, aún no siendo del todo cierto, y aún siendo así, en Euskadi la cocina, y hasta la organización familiar en los caseríos, ha sido un matriarcado, y el hombre solo ha tenido su lugar para cocinar en las “sociedades gastronómicas”. Por eso aún entendemos menos la “discriminación” de las cocineras famosas en este país, ya que existir, si que existen, aunque no salgan en los medios de comunicación.

Por todo lo expuesto anteriormente, agradecemos el magnífico artículo titulado CONFITURA DE SENTIMIENTOS, publicado por nuestra amiga Mari Carmen, en su blog VIDA Y SENDERO, donde con esa magnífica manera de escribir que ella sabe, esa estupenda forma de contarnos las cosas, nos deleita a través de su magnifico relato sobre la “tía Eulalia”, sobre las hierbas aromáticas, haciendo un homenaje a todas esas abuelas, tías, madres que les gustaba cocinar, que sabían macerar, mezclar, aliñar y todo ello sin apuntes, sin recetas escritas, siempre de cabeza, sin pesos, sin frigoríficos, sin congeladores, sin microondas; pero con su sabiduría y soltura realizaban su “alquimia”, para prepararnos esplendidos manjares, magníficos platos populares, y muchas de ellas sin saberlos fueron las creadoras de la ahora reconocidísima “Dieta Mediterránea”.




Como muchas de las personas que visitan y nos dejáis magníficos comentarios en este blog, sois amantes de la cocina, de las recetas, de la confitería, os recomendamos que leáis CONFITURA DE SENTIMIENTOS, donde encontrareis frases como estas:

“El laurel nació con el primer rayo de luz, tan suave y tan dulce que con sólo dos hojas puestas en remojo la noche de San Juan es suficiente para hacer que perdure el amor de un buen galán”.

“El tomillo guarda en su corazón la llamada salvaje de la montaña y todas sus fragancias que al alba la acompañan.”

Y para terminar este relato a la “tía Eulalia”, Mari Carmen, que según nos cuenta “ha pasado mucho tiempo metida en la cocina andaluza, entre abuelas y tías a las que les gustaba cocinar, hacer dulces, comprar especias, y tenían, además, un patio lleno de plantas aromáticas”, termina su magnífico relato con un epitafio:

“Aquí mora la que fuera Eulalia Hernandez Entrena, que vivió una vida de fortuna habiendo dedicado su saber a alegrar los estómagos de sus seres queridos con las especias y la confitura”.
Gracias Mari Carmen, por este esplendido homenaje a LAS COCINERAS, que has realizado desde tu VIDA Y SENDERO, y ahora, estamos deseosos de poder recrearnos pronto en tu blog NÓMADAS, de tu artículo “sobre los aromas de Al-Andalus”, ya que además una de nuestras abuelas era de un pueblo llamado Carcabuey, en la zona de la Subbética Cordobesa. Aunque sabemos que no te gusta cocinar, volvemos a decirte, lo que ya te hemos comentado: si algún día escribiéramos un libro de cocina sin gluten, no dudaríamos en pedirte que nos hicieras los honores de escribirnos el prólogo.

 #escribimoslovivido

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