miércoles, 14 de agosto de 2013

EL CIRCO DE GREDOS EN LA MEMORIA. UN PARAÍSO TAN CERCANO Y ANTES TAN LEJANO.

Este post no tiene nada que ver con la gastronomía sin gluten, ni con nuestra etapa sin gluten, pero si con nuestro caminar. Un caminar con doble sentido: físico y emocionante por la Sierra de Gredos, y ahora un caminar de nuestro pensamiento al recordar ese tiempo en que acercarse al Circo de Gredos, era todo un viaje, para poder disfrutar de sus montañas, de sus paredes y de  paisajes tan impresionantes como este primaveral del Circo de Gredos


También, recordamos esos vivac para disfrutar del techo de estrellas o el descanso en los refugios de montaña, donde el guarda organizaba y ayudaba siempre. Ese tiempo, en el que para muchos en este país éramos: LOS GUARROS DEL MACUTO. Pero con nuestro macuto a la espalda, disfrutábamos de paisajes tan increíbles con el Circo de Gredos a nuestros píes.



Ahora, acercarse a la Sierra de Gredos desde Madrid,  es una corta y gratificante escapada. Pero hace unos años, era un viaje en toda regla, un verdadero viaje. Y ahora, cuando el calor del verano, el olor a asfalto, nos invaden en la ciudad, hemos querido recordar, lo que teníamos que hacer para poder caminar, ascender o escalar, las preciosas cumbres del Circo de Gredos.
























Y es que a principios de los años setenta del siglo pasado, aún sin coche, el viaje comenzaba muy pronto, casi cuando en esta gran ciudad, y como se suele decir “aún no habían colocado las aceras”. Sí, nos levantábamos muy pronto, esperando que el metro abriera sus puertas, para acercarnos a la estación de autobuses de Madrid - Palos de la Frontera, y poder tomar el primer autocar que nos llevará hasta la población abulense de Hoyos del Espino.

Allí, tras ascender la escalera de la parte trasera del autocar y situarnos sobre su techo, amarrábamos nuestros macutos a la gran baca sobre el techo, ya que estos vehículos muchas veces no tenían casi espacio en sus bodegas. Comenzábamos el viaje, un viaje tranquilo, sin grandes velocidades y muchos baches, por carreteras mal asfaltadas, estrechas,  serpenteantes… pero llenas de belleza.

El autocar, iba parando en multitud de poblaciones por las que pasaba, y recogiendo personas que transportaban aquellas maletas de cartón cerradas con anchos correajes de cuero, cajas, y hasta animales en jaula. Y no recordamos en que población, hacía una parada que podríamos llamar técnica. Sí, en un bar de carretera, con un gran árbol en su entrada, donde paraba el autocar, ya que era el punto en el que esperaba a la llegada de otro vehículo que hacía otra ruta, para que así pudiera existir un cambio de viajeros, o lo que ahora llamaríamos un intercambiador. Pero que en esos años, era una parada por un tiempo indefinido, tan indefinido que nos daba tiempo a  jugar una partida de billar a 21, y aún nos sobraba tiempo.

Una vez llegados los nuevos viajeros, continuábamos nuestro viaje, hasta llegar a la población de Hoyos del Espino.


Ya en Hoyos del Espino, lo primero que teníamos que hacer, era acercarnos a la panadería del pueblo, no solamente para comprar unas impresionantes, y exquisitas hogazas de pan candeal (entonces, no sabíamos nada de la celiaquía), sino además, para negociar con el panadero que nos subiera con su gran furgoneta AVIA, hasta la denominada “Plataforma” último punto de acceso de vehículos que se encuentra a unos kilómetros de la población, y quedar con él para que nos recogiera el día de vuelta, o confirmarle que volveríamos por nuestros medios.

Y ya pasado el medio día - si habéis leído bien - tardábamos media jornada en llegar a la Plataforma de Gredos, comenzaba nuestro caminar, por estas montañas, comenzando por el conocido como “Prado de las Pozas”; por este entorno tan especial y extraordinario. Y mientras subíamos por la senda de los “Barrerones”, se nos iban olvidando las horas de autocar, y solo esperábamos ver la impresionante imagen del Circo de Gredos, con el majestuoso Pico Almanzor al fondo.


 Luego, todo era disfrutar de esos días perdidos entre estos picos, ya fuera primavera, verano, otoño o el más duro invierno. Lo importante era ascender estas cumbres, escalar sus paredes, hincar los crampones sobre el hielo, o caminar disfrutando de la belleza de su paisaje rocoso y las vistas desde sus cimas. De la pared del “Perro que fuma”, de “Los Hermanitos”, y por supuesto de ascender al “Almanzor (2.592 m)” 

Escaparnos unos días al Circo de Gredos siempre era una ilusión, un viaje, una experiencia única, y la ilusión de compartir esos momentos, esos días con amigos y amigas a las que les gustaba la montaña, el caminar y la escalada.


Y si el tiempo lo permitía y no habíamos quedado con el panadero de Hoyos del Espino para que nos recogiera, realizar una camino de ascenso a la base del “Ameal de Pablo (2.489 m)”, para ascender a  “La Galana (2.524 m)”, el “Risco del Güetre (2.545 m) y descender al vecino Circo de Cinco Lagunas, una bonita caminata de nos daba otra perspectiva de estas montañas y los valles, hasta acercarnos a las aguas del Río Tormes y a la población de Navalperal de Tormes. Pero, esta ruta que en verano o primavera es muy apetecible, en invierno, se convierte en una dura travesía, que entre la niebla, la nieve y el hielo, ponían a prueba nuestro conocimiento y orientación, pero ante todo el trabajo en equipo, y la amistad en todo momento.


Sin darnos cuenta, estas experiencias de montaña, fueron moldeando nuestra manera de ser; de enfocar la vida; de dar valor a una cosa y poca importancia a otras; de disfrutar de las pequeñas cosas; y de eso momentos vividos que ya solo se encuentran en nuestra memoria. Aunque aún nos quedan muchos momentos por vivir y disfrutar.


 Y como ahora es más fácil acercarnos a Gredos y disfrutar de su belleza, para  volver a caminar por estas montañas, y disfrutar de sus gargantas y praderas, ya sea en el Circo de Gredos, Los Galayos, El Valle del Jerte, La Vera, y todas esas gargantas que conforman esta Sierra, estas montañas. Pero también de esas poblaciones situadas en este enclave tan especial, de las provincias de Ávila, Salamanca, Cáceres y Toledo. Poblaciones con muchas historias, leyendas y valores además de por su gastronomía y paisaje. Que antes y ahora, siempre se merecen un viaje o escapada.


#escribimoslovivido



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